-A la oscuridad ¿Y vos?, me preguntó.
-No, le contesté.
-A las arañas ¿Y vos?
-No.
-A los sapos ¿Y vos?
-No.
-A la gente mala ¿Y vos?
-No.
-¿Y entonces a qué le tenés miedo? No puede ser que no le tengas miedo a nada.
Me quede en silencio un rato, miré al cielo y medité para mis adentros... después de un rato le volví la mirada y le dije: -Le tengo miedo a la soledad... Un rato después de decirle eso, me di cuenta de que había algo más a lo cual le temía y continué hablando y le dije: -¿Sabes qué? También le tengo miedo a preguntar, y no por el simple hecho de preguntar, sino por el miedo a lo que me respondan.
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